Lammas

Durante la Fiesta de la Cosecha celebramos el inicio de la cosecha del cereal. En el Antiguo Egipto, este festival se celebraba en primavera porque los ciclos del río Nilo y el antiguo clima egipcio no coinciden con nuestras estaciones actuales. La fiesta de la  cosecha se dedicaba al dios Min, señor de la vegetación y la fertilidad, uno de los dioses más antiguos de Egipto que ya gozaba de culto propio en el periodo predinástico (6.000-3.150 a.C.).
 La estatua de Min salía del templo en procesión, llevada por los sacerdotes y seguida por las autoridades. Músicos y bailarinas amenizaban la comitiva, y el pueblo se regocijaba a su paso. Esta imagen no es muy diferente a las procesiones de las fiestas mayores que aún se celebran en muchos de nuestros pueblos. Cuando la imagen de Min llegaba donde se encontraba el rey, éste cortaba la primera gavilla de cereal. Entonces, las plañideras entonaban sus llantos porque el cereal era una manifestación del dios Osiris, y la siega también representaba su necesaria muerte para que la vida en Egipto pudiera seguir adelante. Esta primera gavilla se ofrecía al dios Min, que aseguraba la fertilidad de los granos cosechados, y así, a su debido tiempo, el dios Osiris en forma de grano renacería de nuevo en la estación de la siembra. La diosa Isis también se relacionaba con los festivales de la cosecha, ya que gracias a ella Osiris había renacido, y el grano había emergido de la tierra lleno de vida. 
 
La parte ritual de la fiesta era seguida por competiciones deportivas, como la escalada a un poste alto, símbolo fálico relacionado con la fertilidad. La cerveza, la leche, el agua fresca, el pan, el ajo, la cebolla, los pepinos, la miel, los dátiles, el incienso y las flores también son ofrendas que al dios le agradan.
 
Las buenas cosechas eran un orgullo para el pueblo egipcio, ya que eran fruto del esfuerzo colectivo, y su rendimiento era proporcional a la satisfacción que los dioses sentían por su trabajo. Egipto era conocido como el granero del Mediterráneo, y el comercio del cereal era fundamental para generar la riqueza necesaria para construir monumentos y templos.
La relación entre el dios Min y el dios Osiris es antigua, y se remonta a cuando el hogar estelar de Min era la constelación de Orión. Como señor de la lluvia, las tormentas y los desiertos se asoció con Set. En el Reino Medio se potenciaron sus atributos solares relacionados con la fertilidad, el dios Horus y el rey. Amun-Min, conocido también como Kamutef (el toro de su madre) lo vinculaba a la virilidad y la fuerza masculinas. En él los griegos vieron la versión egipcia del dios Pan y los romanos a Príapo.
 
La esposa de Min era la diosa Iabet, personificación del desierto del este, aunque también se asociaba a Amentet, la diosa del desierto del oeste. Por su relación con Osiris, Min también se emparejó con Isis. Cuando esto sucedía, Iabet era considerada la madre de Min y no su esposa. 
 
Dios Min, XI dinastía.
Museo Arqueológico, Florencia.
Las estatuas y pinturas del dios Min lo muestran sujetando su gran falo o un ankh con la mano izquierda, mientras que con la derecha sostiene el mayal ritual, llamado Nejej por los antiguos egipcios. Este flagelo se utilizaba para batir el cereal y separarlo de la cáscara, y representa el proceso que hace la persona despierta espiritualmente para separar “el grano de la paja” y descubrir su verdadero ser interior. La forma en que sostiene el mayal imita la forma de la constelación de Orión. Normalmente su piel es negra para representar la tierra fértil. En su cabeza lleva la corona Shuty, formada por dos enormes plumas de halcón que representan el Alto y el Bajo Egipto y un disco solar.
 
En esta fiesta vivenciamos la muerte de Osiris encarnado en el cereal. La hoz está en manos del rey, que en esta ocasión representa el poder de Set, la fuerza destructora y al mismo tiempo dadora de vida. Isis protagoniza la transformación del grano cosechado en pan, ya que es ella quien conoce los misterios que devuelven la vida a lo que aparentemente está muerto, y es ella la madre que nos nutre haciendo de Osiris alimento físico y espiritual, revelando la magia que existe detrás de una simple hogaza de pan. Por último, el dios Min, que preside todo el ritual, es quien bendice la vida incluso en la muerte. Y es por él que los granos de cereal se convierten en semillas, que al ser sembradas de nuevo darán prósperas cosechas para seguir sustentando la vida eterna.
 
¡Felices y abundantes cosechas!

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