Manifestaciones divinas y animismo

Los antiguos egipcios tenían fuertes creencias animistas. Los dioses se manifestaba en el mundo natural, y cada una de estas manifestaciones se consideraba un Ba divino. Por ejemplo, el dios Ra se manifestaba a través de las garzas reales, consideradas el emblema del Ave Fénix, para mostrar su voluntad. De la misma forma, el dios Sobek podía manifestarse a través de los cocodrilos, Bastet a través de los gatos, y así con la mayoría de dioses egipcios zoomorfos. De esta manera los dioses no solo eran unos seres divinos que habitaban en un plano superior de existencia, sino que también vivían en el mismo mundo que el nuestro y se manifestaban a través de los seres de naturaleza, incluyendo las estrellas, los planetas, los fenómenos atmosféricos, la crecida del Nilo, los árboles, las plantas y los minerales. Detrás de toda forma de vida y fenómeno natural podía manifestarse una divinidad.

 
Los dioses siguen manifestándose a través de la naturaleza, pero será difícil que Sobek pueda adoptar la forma de un cocodrilo para advertirnos de algún peligro o transmitir un mensaje a no ser que vivamos a orillas del Nilo o en algún lugar donde estos impresionantes animales habiten. Cada región tiene sus propia biodiversidad, y es importante que conozcamos los espíritus de la naturaleza que habitan en el mismo lugar que nosotros para aprender, colaborar y entender.

La diferencia entre dioses y espíritus es clara en algunos casos y confusa en otros. Para algunos animistas todo son espíritus, y cuando uno es claramente más poderoso o destaca por algún motivo en particular se lo llama dios o diosa para diferenciarlo del resto. Otros creen que un dios o una diosa es un ser superior que gobierna sobre los espíritus de la naturaleza, como sería el caso de Pan y las ninfas. En este último caso el dios o la diosa serían parecidos a un árbol que crea su propio ecositema, y todos los seres que viven en él serían los espíritus de su séquito. De alguna manera, y seguramente influenciados por la cultura monoteísta del dios distante, hay un sentir general sobre los dioses que los hace más abstractos e inaccesibles que los espíritus de la naturaleza. 

Los humanos tenemos tendencia a vernos a nosotros mismos separados de la naturaleza y no siempre nos damos cuenta de que también somos espíritus de la tierra. Cuando nos incluimos en el mundo que habitamos desde el animismo, dejamos de ser espectadores y usuarios de nuestro planeta, y la realidad queda poblada casi instantáneamente de dioses y espíritus a los que respetar y con los que compartir y aprender. Quizá sea por la perspectiva cada vez más materialista y menos animista que sentimos el otro mundo (el mundo espiritual o de los espíritus) como algo distante, pero en realidad sigue aquí. Cuando nos reconocemos como parte de él sus puertas se abren de par en par.