Beltane

IMG_6139La fiesta de la Bella Reunión (heb en sekhen nefer) fue una celebración del antiguo Egipto en la que Hathor viajaba desde su templo en Dendera hasta el templo de Horus en Edfú para reunirse con él y celebrar su unión.

La sagrada imagen de oro de Hathor recorría 160 km desde su hogar hasta Edfú durante cuatro días. Cinco barcos más pequeños remolcaban la gran barca de Hathor por el río Nilo. No olvidemos que los egipcios “despertaban” las imágenes de sus dioses a través de ciertas ceremonias mágicas, así pues, no remolcaban una imagen, sino la propia Hathor o un Ba (manifestación) de la diosa. La barca de Hathor se llamaba Nebet Merit, que se puede traducir por “Señora del Amor” o “Señora Amada”. En otros barcos acompañantes se desplazaban los sacerdotes y sacerdotisas de Hathor.

La fiesta de su partida, en Dendera, era espléndida. En ella se reunían peregrinos dispuestos a seguir el recorrido de la diosa, incluyendo tanto a representantes de importantes ciudades como a devotos del pueblo llano. La primera parada se realizaba en Karnak, donde Hathor visitaba a la diosa Mut. Al segundo día Hathor se detenía en Per-Mer, donde se encontraba con la diosa Anukis. El tercer día lo pasaba en Nehen (Hieracómpolis) donde un Horus local se unía a su procesión y se convertía en su protector.

Al cuarto día, coincidiendo con la luna nueva, Horus de Edfú salía de su templo para ir al encuentro de su amada al norte de la ciudad, en un lugar llamado Wetjeset Hor, que significa “donde Horus se exalta” al reunirse con Hathor. Este lugar se consideraba el montículo primigenio, donde la creación se originó, y en él se había establecido un templo. Es aquí donde Hathor y Horus se encuentran, de su reunión emergerá la nueva vida, análoga a la creación primigenia. En Wetjeset Hor se ofrecen las primeras cosechas, que refuerzan el carácter de regeneración que acompaña a ambas divinidades.

Cuando la noche empieza a caer, Hathor y Horus se dirigen al gran templo de Edfú, donde los servidores de los dioses ya han preparado la cámara nupcial. Su entrada al templo va precedida por gritos de júbilo y aplausos de la multitud que los espera y acompaña. Esa misma noche se ofrece un esperado y gran banquete público para los asistentes y peregrinos.

Al día siguiente se celebraba el Festival de Behdet (Edfú), en el que los dioses salían del templo para “llegar a la presencia de Ra”, o sea, para ser bañados por los rayos solares. Luego, las divinidades se desplazaban en procesión a la necrópolis, donde era imprescindible presentar sus respetos a los difuntos que fundaron la ciudad y otorgarles la regeneración. Allí se sacrificaban animales de pelaje rojo, afirmando así el dominio de Horus sobre las Dos Tierras y sobre el dios pelirrojo Seth. Luego se celebraba “el pisar la tumba”, o sea, borrar las huellas que conducen a las secretas moradas de la eternidad para evitar el robo de los tesoros que acompañaban a los difuntos. Finalmente se liberaban cuatro gansos, simbolizando el poder de Horus sobre los cuatro puntos cardinales, sobre la totalidad de Egipto.

Así se iniciaban los catorce días festivos en honor a Hathor y Horus, que culminarían con la luna llena del mes de Mesore. Durante estos días se celebraban diferentes rituales mágicos públicos de execración, como la destrucción de hipopótamos de cera roja, el pisoteo de peces, el recuento de enemigos y su castigo… En el cuarto día, Hathor y Horus celebran el nacimiento de su hijo Ihy, el Señor de la Música, el Señor del Sistro. El resto de días festivos posiblemente se repetían las execraciones y se realizaban más rituales de regeneración en templos cercanos o para los emisarios representantes de las diferentes capitales de los nomos (distritos) egipcios.

Desde diferentes puntos de Egipto, llegaban ofrendas para Hathor y Horus, siendo las más apreciadas las primicias de la cosecha. Cada día se les ofrecía carne, aves, panes, abundante cerveza, leche, dátiles y todo tipo de pasteles dulces. Se realizaban muchos bailes y se cantaban muchas canciones para complacer a Hathor. Los textos del propio templo de Edfú explican que “el olor a mirra se olía a una milla de distancia, la ciudad estaba recubierta de fayenza, brillaba con natrón y estaba completamente adornada con guirnaldas de flores y hierbas frescas. Los jóvenes pasaban el día ebrios, los ciudadanos estaban contentos y las mujeres lucían hermosas, el regocijo se extendía por doquier. El sueño se evitaba hasta el amanecer.” Dentro del templo se celebraban rituales para la regeneración de la vida propiciada por la unión de Hathor y Horus, garantizando así la prosperidad de Egipto y las buenas cosechas un año más. Cuando los días festivos llegaban a su fin, Hathor abandonaba Edfú y volvía a su hogar en Dendera.

En el Isis Sothis Iseum celebramos la unión del dios y la diosa, bajo el aspecto de Horus y Hathor, en Beltane. La regeneración de la vida y las ofrendas de las primeras cosechas tienen un notable paralelismo con las fiestas de mayo, la celebración de la vida en el momento álgido de la primavera.

¡Feliz Beltane! ¡Feliz fiesta de la Bella Reunión!

Imbolc

IMG_6089Imbolc es la festividad que se celebra en la mitad del invierno, el 2 de febrero, cuando la luz del sol va en aumento. Su presencia se establece en el cielo de la misma manera que el dios Horus establece su reinado en la tierra.

Los almendros en flor anuncian la llegada del buen tiempo. La temperatura se eleva, la nieve y el hielo de las montañas se funden renovando el agua de los ríos y avivando las semillas dormidas bajo tierra. Los partos de las ovejas, las cabras y las vacas aumentan, y el excedente de leche se convierte en productos lácteos de todo tipo y en emblema de abundancia.

En esta festividad recordamos la contienda entre Horus y Seth, que termina cuando Horus es proclamado sucesor de Osiris y nuevo rey de Egipto. En Imbolc celebramos que Horus es entronizado y que reinará siguiendo la regla de Maat, garantizando que la luz de la armonía, la paz y la justicia iluminen al mundo. Es una fiesta de restauración y renovación, llena de esperanza y nuevas promesas.

La coronación del rey de Egipto se celebraba 70 días después de la muerte del antiguo faraón, pero también se realizaba simbólicamente al principio de cualquier evento importante como el cambio de las estaciones o la crecida del Nilo para representar el inicio de una nueva etapa. Como todos los rituales egipcios, la ceremonia empezaba por una purificación, después el rey recibía su título oficial compuesto de cinco nombres y con la Doble Corona en la cabeza se sentaba en dos tronos que representaban el Alto y el Bajo Egipto. Acto seguido se entrelazaba una guirnalda con papiros y lotos alrededor de una columna de madera, así los emblemas de las Dos Tierras protegerían al faraón. Después, el nuevo rey disparaba cuatro flechas en las cuatro direcciones para anunciar su dominio sobre todo Egipto. Por último el faraón debía correr alrededor de las murallas del palacio, que simbolizaban la frontera del país, afirmando una vez más su papel como regente y protector de las Dos Tierras.

A Horus también se lo identifica con la chispa divina en nuestro interior, la voz de la conciencia superior que habita nuestro corazón, y que demasiadas veces queda silenciada por el ruido del estrés y la vida cotidiana. En el Antiguo Egipto había una diosa poco conocida llamada Horet, el Horus femenino, relacionada con la diosa Hathor, pudiendo ser un aspecto de la misma. Normalmente los hombres se sienten más identificados con Horus y las mujeres con Horet, aunque no tiene porque ser forzosamente así. Otras personas sienten que su chispa divina se identifica mejor con otra divinidad. Aprovechemos esta fiesta para escuchar, para dar espacio y permitir que la luz y la voz de la divinidad interna nos inunde. Es un buen momento para renovar los lazos con nuestro verdadero Ser.

¡Feliz Imbolc!